Durante años, los teléfonos plegables intentaron convencernos de que el futuro consistía en tener más pantalla.
Samsung abrió el camino comercial con la idea de un teléfono que podía convertirse en una pequeña tableta. Después llegaron más cámaras, mejores bisagras, pantallas menos frágiles y dispositivos capaces de cerrarse hasta desaparecer en el bolsillo. La tecnología avanzó muchísimo, pero había un problema que la industria parecía empeñada en ignorar: muchos plegables seguían sintiéndose como teléfonos convencionales que, por accidente, podían convertirse en otra cosa.
En 2026 algo cambió.
El Huawei Pura X Max, el Samsung Galaxy Z Fold8, el Xiaomi 18 Fold y el nuevo iPhone Duo no son simplemente cuatro teléfonos plegables más. Son la evidencia de que los fabricantes están convergiendo hacia una misma idea: un smartphone que, cerrado, tenga unas proporciones más anchas y manejables y que, abierto, se convierta en una pantalla cercana a una pequeña tableta.
Es el llamado formato wide foldable, o plegable ancho.
Y sí: empieza a parecerse muchísimo a un pasaporte.
La pregunta ya no es si los teléfonos plegables van a cambiar de forma. La pregunta es si esta será la forma que termine definiendo la próxima generación de smartphones.
El problema nunca fue doblar una pantalla

Hay cierta ironía en la historia de los plegables.
Desde que aparecieron los primeros modelos comerciales, la industria nos vendió la misma promesa: llevar una pantalla enorme en el bolsillo. Y funcionaba. Sobre el papel, al menos.
El problema era lo que ocurría cuando el teléfono estaba cerrado.
Los modelos tipo libro tradicionales solían tener una pantalla exterior extremadamente alta y estrecha. Eran prácticos para consultar notificaciones, contestar algún mensaje o hacer una llamada, pero no necesariamente resultaban más cómodos que un smartphone convencional. En algunos casos incluso parecían una versión alargada de un teléfono que nadie había pedido.
El formato ancho plantea una solución mucho más sencilla: hacer que el teléfono cerrado tenga una proporción más cercana a la de un smartphone convencional, pero con suficiente anchura para resultar cómodo, y utilizar esa superficie adicional al desplegarlo para construir una experiencia más cercana a una tableta.
No es una revolución particularmente espectacular.
Precisamente por eso puede funcionar.
Huawei llegó primero

Huawei fue la compañía que decidió probar esta idea antes que prácticamente todos sus rivales.
El Pura X Max llegó a China en abril de 2026 como el primer gran plegable de formato ancho de esta nueva generación. Tiene una pantalla exterior de 5.4 pulgadas y una interior de 7.7 pulgadas, con tasas de refresco adaptativas de hasta 120 Hz. Su batería alcanza los 5,300 mAh y admite carga de 66 W por cable y 50 W inalámbrica. También incorpora el Kirin 9030 Pro, cámaras de 50 megapíxeles y HarmonyOS 6.1.
Pero sus especificaciones no son lo más importante.
Lo realmente importante es que Huawei cambió la pregunta.
Hasta entonces, la conversación giraba alrededor de cuánto podía crecer la pantalla interior. Con el Pura X Max comenzó a importar otra cosa: qué proporción debía tener un teléfono para que realmente quisiéramos utilizarlo cerrado y abierto.
El resultado tampoco es perfecto. Algunas pruebas han señalado que la pantalla exterior puede sentirse pequeña en determinadas tareas y que la proporción interior no es necesariamente ideal para escribir o trabajar con aplicaciones diseñadas alrededor de pantallas verticales.
Y eso es precisamente lo interesante.
Huawei no encontró la respuesta definitiva.
Encontró una pregunta mejor.
Samsung entendió que el diseño tenía que madurar

El Galaxy Z Fold8 es probablemente el dispositivo que convierte esta idea experimental en una propuesta mucho más madura.
Samsung redujo el peso hasta los 201 gramos, con un grosor de apenas 4.5 mm cuando está desplegado. La pantalla exterior es de 5.5 pulgadas y utiliza una relación 10:16, mientras que la pantalla interna alcanza las 7.6 pulgadas con una relación 4:3.
Y aquí está uno de los cambios más importantes.
Samsung no solamente hizo un Fold más ancho.
Hizo que la pantalla interior tuviera más sentido para el contenido que consumimos.
Una relación 4:3 puede parecer poco emocionante en una ficha técnica, pero cambia considerablemente la experiencia de ver documentos, navegar, utilizar dos aplicaciones simultáneamente o consumir contenido audiovisual. También permite que el dispositivo se sienta menos como un teléfono estirado y más como una pequeña pantalla de trabajo y entretenimiento.
El Z Fold8 utiliza además Snapdragon 8 Elite Gen 5 para Galaxy, hasta 16 GB de RAM, almacenamiento de hasta 1 TB, batería de 4,800 mAh y carga de 45 W. Su sistema fotográfico incorpora cámaras principales y ultra gran angular de 50 MP.
Pero quizá la cifra más importante no está en sus cámaras.
Está en sus 201 gramos.
Los plegables llevan años intentando justificar el sacrificio físico de llevar dos dispositivos en uno. Samsung parece haber entendido que el siguiente paso no consiste en fabricar una tableta que pueda doblarse, sino un teléfono que no parezca una tableta cuando está en el bolsillo.
Y eso cambia todo.
Xiaomi respondió con una receta muy diferente
Si Samsung ha apostado por la madurez, Xiaomi ha respondido con una especie de “¿y si hacemos todo más grande?”.
El Xiaomi 18 Fold conserva el formato ancho, con una pantalla exterior de 5.38 pulgadas y una interior de 7.58 pulgadas. Pero la compañía ha aprovechado el espacio para colocar una batería de 6,000 mAh, carga de 67 W por cable y 50 W inalámbrica, además de un sistema fotográfico desarrollado junto a Leica y encabezado por un sensor principal de 200 MP.
También estrena el procesador propio XRING O3, fabricado en 3 nanómetros, y llega hasta 16 GB de RAM y 1 TB de almacenamiento. Su precio inicial en China es de 10,999 yuanes.
Hay algo particularmente interesante en el movimiento de Xiaomi.
El formato ancho ya no se está utilizando únicamente para mejorar la ergonomía. También se está convirtiendo en una oportunidad para introducir componentes que tradicionalmente eran difíciles de integrar en un plegable: baterías más grandes, sistemas de cámaras más ambiciosos y mayor potencia.
El 18 Fold pesa alrededor de 219 gramos.
Es decir, Xiaomi está demostrando que el formato no tiene por qué significar necesariamente sacrificar prestaciones.
El problema es otro: por ahora, su disponibilidad está limitada a China.
Y un estándar tecnológico que no sale de su mercado de origen difícilmente puede convertirse en un estándar global.
Entonces llegó Apple

Y aquí es donde la historia se vuelve realmente interesante.
Apple no inventó el teléfono plegable.
Tampoco inventó el formato ancho.
Ni siquiera fue la primera compañía en comercializar un dispositivo de estas características.
Pero Apple tiene algo que Huawei, Xiaomi y Samsung no pueden replicar exactamente: la capacidad de convertir una tendencia tecnológica en una decisión cultural.
El iPhone Duo es el primer plegable de Apple. Cerrado tiene una pantalla exterior de 5.4 pulgadas; abierto, una pantalla de 7.6 pulgadas. Apple lo ha construido con titanio, una nueva bisagra y una pantalla con acabado nano-texturizado destinado a reducir reflejos. Está impulsado por el A20 Pro y utiliza una versión de iOS diseñada específicamente para aprovechar el formato plegable.
Su precio parte de 1,999 dólares.
Y ahí aparece la verdadera importancia del Duo.
Apple no está intentando demostrar que los teléfonos plegables existen.
Está diciendo que un iPhone también puede tener dos tamaños de pantalla sin dejar de ser un iPhone.
Ese matiz es enorme.
Porque durante años los plegables fueron presentados como una categoría experimental: teléfonos para entusiastas, profesionales, early adopters y personas dispuestas a pagar una fortuna por probar una tecnología que todavía estaba madurando.
El iPhone Duo cambia el relato.
Ya no se trata de comprar un plegable.
Se trata de preguntarse si el próximo iPhone debería plegarse.
El pasaporte como nuevo lenguaje
Hay una razón por la que esta forma resulta tan atractiva.
Un smartphone convencional está atrapado entre dos necesidades contradictorias: queremos que sea pequeño para llevarlo encima y grande para utilizarlo.
Los plegables intentaron resolver esa contradicción aumentando el dispositivo.
El formato pasaporte intenta resolverla cambiando las proporciones.
Cerrado, tenemos algo más ancho y compacto.
Abierto, obtenemos una pantalla que puede funcionar como una pequeña tableta.
Es una solución casi matemática para un problema físico.
Y quizá por eso cuatro fabricantes tan diferentes están terminando en un lugar parecido.
Huawei lo hizo primero.
Samsung lo refinó.
Xiaomi lo llevó al terreno de las especificaciones.
Apple lo convirtió en producto aspiracional.
No parece casualidad.
Pero no todo son buenas noticias
Aquí es donde conviene bajar un poco el entusiasmo.
Porque hay una diferencia entre un nuevo lenguaje de diseño y un nuevo estándar de mercado.
Los plegables todavía son caros.
Siguen siendo más complejos de fabricar.
Las pantallas flexibles continúan teniendo compromisos frente al cristal convencional.
La autonomía, aunque ha mejorado, sigue siendo un desafío.
Las cámaras no siempre pueden competir directamente con las de los mejores teléfonos tradicionales.
Y existe otro problema del que la industria habla mucho menos: el software todavía tiene que aprender a utilizar realmente el espacio adicional.
Abrir un teléfono y obtener una pantalla de 7.6 pulgadas no convierte automáticamente todas las aplicaciones en mejores aplicaciones.
De hecho, una de las grandes batallas de los próximos años probablemente no estará en las bisagras.
Estará en el diseño de interfaces.
Porque una pantalla plegable no necesita solamente más píxeles.
Necesita experiencias que sepan cambiar cuando cambia el tamaño del dispositivo.
El iPhone Duo podría ser el verdadero punto de inflexión

Aquí está la paradoja.
Samsung lleva años construyendo plegables.
Huawei lleva años experimentando con ellos.
Xiaomi puede fabricar teléfonos con especificaciones extraordinarias.
Y, sin embargo, Apple podría ser la compañía que consiga que una persona que nunca quiso un plegable finalmente considere comprar uno.
No porque el iPhone Duo sea necesariamente mejor que todos sus rivales.
De hecho, sobre el papel, Xiaomi tiene ventajas evidentes en batería y fotografía, mientras Samsung tiene una importante ventaja en peso y disponibilidad global.
Apple tiene otra cosa.
Escala.
La compañía está introduciendo un producto de 1,999 dólares en un ecosistema que ya cuenta con cientos de millones de usuarios acostumbrados a la lógica del iPhone.
Y eso puede provocar el efecto más importante de todos: hacer que los consumidores dejen de preguntarse si los plegables son una rareza y empiecen a preguntarse cuál plegable quieren.
El verdadero cambio no es doblar el teléfono
Quizá esta sea la parte más importante de toda esta historia.
El futuro de los smartphones no consiste necesariamente en que todos tengamos una tableta que podamos doblar.
Consiste en que el teléfono deje de tener una única forma.
El formato pasaporte es interesante porque plantea una idea mucho más natural: el dispositivo puede ser compacto cuando lo necesitamos y convertirse en una superficie de trabajo cuando tenemos tiempo para utilizarlo.
Eso también explica por qué el formato resulta especialmente atractivo para inteligencia artificial.
Los asistentes de IA, las herramientas de productividad, la edición de fotografías, la generación de contenido, los videojuegos y las aplicaciones de comunicación pueden beneficiarse de una pantalla que cambia de tamaño según el contexto.
El teléfono deja de ser una superficie fija.
Se convierte en una interfaz adaptable.
Y esa idea es mucho más importante que cualquier número de megapíxeles.
¿Es el fin del teléfono tradicional?
No.
Al menos todavía.
Los smartphones convencionales siguen teniendo ventajas enormes: son más baratos, ligeros, resistentes y sencillos. Para millones de personas no existe ninguna razón convincente para pagar el sobreprecio de un mecanismo de plegado.
Además, el mercado de plegables continúa siendo pequeño. Reuters estima que podría representar menos del 3% de las ventas globales de smartphones durante 2026, aunque su crecimiento está siendo mucho más rápido que el del mercado general.
Pero las revoluciones tecnológicas rara vez comienzan cuando son mayoría.
Comienzan cuando una industria deja de experimentar con varias respuestas y empieza a converger hacia una.
Eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora.
El pasaporte no es el destino. Es el comienzo.
Huawei Pura X Max, Samsung Galaxy Z Fold8, Xiaomi 18 Fold y iPhone Duo representan cuatro interpretaciones de una misma idea.
Y quizá esa sea la señal más importante.
Durante años, los fabricantes compitieron para fabricar el mejor teléfono plegable.
En 2026 están empezando a competir para definir qué aspecto tendrá el teléfono del futuro.
Todavía no sabemos si el formato pasaporte terminará conquistando el mercado. Tampoco sabemos si dentro de cinco años estaremos hablando de estos dispositivos como hoy hablamos de los primeros smartphones con pantalla táctil: con una mezcla de nostalgia y extrañeza.
Pero hay algo que sí parece claro.
El teléfono ya no necesita elegir entre ser pequeño y ser grande.
Puede ser ambas cosas.
Puede caber en el bolsillo y abrirse sobre la mesa.
Puede ser teléfono por la mañana, pantalla para trabajar después de comer y pequeña tableta por la noche.
Y eso convierte al plegable ancho en algo más interesante que una nueva categoría de hardware.
Es quizá el primer intento serio de hacer que el smartphone deje de tener una forma definitiva.
El futuro, al parecer, ya no cabe en un rectángulo.
Ahora se dobla.
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